lunes, junio 12, 2006

Tarde de verano


... Allí estaba. ¡No podía ser verdad!, tan precioso y podrido tesoro no podíamos haberlo encontrado nosotros. ¿Estará dormido? Acercándonos vimos que no, ¡qué alegría! ¿cómo habrá llegado hasta aquí?, ¿por qué habrá venido a morir a esta sitio tan extraño?, ¿será que le pilló de sorpresa? son tantas las pregutas que nos hacíamos... El entretenimiento esa tarde estaba asegurado. Un niño empezó a tirarle piedrecillas, aún con cuidado, no fuera a hacerle daño. La confianza cada vez estaba más presente en aquella escena. Yo me acerco un poco para no perderme ni un solo detalle de la macabra imagen. Tenía los ojos abiertos. Mirada inexpresiva, estática y opaca, sin vida, sin ganas de mirar nada en particular...muertos. La parte del estómago estaba hinchada a causa de estar tan llena de agua que parecía que en cualquier momento fuera a estallar. El agua de la acequia lo envolvía con su paso si importar por donde pasar, pareciendo sentirse heróica por la hazaña que habia llevado a cabo sin ningún esfuerzo por su parte... solo pasar. Se había ahogado en una de las acequias que bordea el pueblo. ¡Pero es un perro! los perros no se ahogan, ni se caen, ¡y menos a una acequia!. Todos los pensamos al verlo ayí.

En fin... pobre perro.

Dan las nueve campanadas en la torre del viejo convento, quizá sea lo único que vuelva a hacer hasta que sus pies quiebren haciendolo caer muerto del aburrimiento.La cena nos espera en nuestras casas.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

supongo que no sería en la acequia de la foto donde cayó el perro, porque como mucho, se habría quemado las patas... porque lo que es ahogarse...

"en fin... pobre perro..."

11:44 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home